Salvar a los seres sintientes del sufrimiento es una palabra común en el budismo, es uno de los votos que se toman al ingresar a la vida monástica de cualquier templo del mundo. Depende del problema del hombre, el monje toma una postura que puede ser de ignorar o de dar consejos, de escuchar y guardar silencio o de dar una palmada en la espalda, de todos modos él sabe que cualquiera sea su postura estará transmitiendo algo. En el lenguaje occidental se lo llama comunicación entre un emisor y un receptor sólo que sin respuesta feedback, el back, la vuelta, va hacia la vida personal del que habla con el monje... como si éste lo empujase fuera de la barca para que se sumerja en el mar de su vida y luego de volver al templo le tendiera una mano para que subiera arriba.
Ya que el hombre no deja de ser social, su vida se ve inmersa en su vida y si no es reconocido por los demás cómo el papel que cumple es que algo anda mál y no se le enseña a culpar a los de afuera sino a saberse como creador de su mundo, a ésto se le llama buen o mal karma. Por ejemplo, si no es reconocido como ciudadano educado por el medio en que vive, ha de aprender normas de conducta y si no funciona es que no aprendió bien, así se habla en el Zen con la metáfora de "cuando tengo hambre como, cuando tengo sed bebo"
En fin de cuentas el hombre no es separable de su vida, en ella realiza su Práctica y un monje es quién aprendió a realizar su vida social, ya sea en vidas pasadas o en la presente y puede entrar a un templo sin dejar sufriendo a nadie.
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